

A los pocos segundos de hacer una plancha, empiezan los temblores. Puede resultar alarmante, como si algo estuviera a punto de ceder. Pero el temblor es una de las señales más útiles que te envía el cuerpo durante una plancha, una vez que sabes cómo interpretarlo.
Tus músculos están formados por muchas unidades pequeñas que se activan y desactivan para mantenerte estable. A medida que algunas se fatigan, tu cuerpo recurre a otras nuevas para mantenerte en posición. Ese relevo no es perfectamente fluido, y eso es lo que sientes como un temblor. Las investigaciones demuestran que el temblor tiende a aparecer gradualmente durante el ejercicio y a intensificarse a medida que te acercas a tu límite.
Un ligero temblor significa que tus músculos están trabajando lo suficiente como para progresar. No significa que te estés haciendo daño. La señal para parar es cuando tu postura empieza a cambiar, por ejemplo, si se te caen las caderas, no el temblor en sí.
Puedes considerar el temblor como una guía aproximada de en qué punto te encuentras durante el ejercicio:
A medida que los músculos del tronco ganan resistencia, muchas personas notan que el temblor empieza más tarde o es más leve. Eso es un progreso real, aunque el tiempo total de aguante no haya cambiado todavía.
En una de las planchas que hagas cada día, intenta observar aproximadamente cuándo empieza el temblor. Anótalo. Con el paso de las semanas, ver que el temblor aparece más tarde es señal de que te estás fortaleciendo.