

Olvidar un nombre conocido, entrar en una habitación y quedarse en blanco sin saber por qué, o buscar una palabra que no termina de salir: estos pequeños lapsus de memoria son algo que muchas personas notan durante la menopausia y pueden resultar inquietantes. Es natural preguntarse qué significan, pero para la mayoría son una parte normal de los cambios que ocurren en esta etapa, no una señal de que su memoria esté fallando. Entender lo que está pasando suele hacer que sean mucho menos preocupantes.
Los cambios hormonales de la menopausia afectan a las partes del cerebro involucradas en la memoria, por lo que recordar puede resultar más difícil de lo habitual. La mayoría de las veces no es que el recuerdo haya desaparecido, sino que tarda más en aflorar, a menudo porque su atención estaba en otra parte o porque estaba cansada cuando se produjo. La falta de sueño y la sobrecarga mental hacen que esto sea más evidente. Saber que el recuerdo suele estar ahí, solo que es más difícil de alcanzar en el momento, elimina gran parte de la alarma.
Muchos olvidos son, en realidad, una cuestión de que la información no se registró con claridad desde el principio, especialmente cuando está ocupada o distraída. Prestar atención plena a algo en el momento en que sucede ayuda a que se retenga. Cuando aparque el coche, deje las llaves o escuche un nombre nuevo, hacer una breve pausa para registrarlo realmente, o decirlo en voz alta, hace que sea mucho más fácil recuperarlo después. Es un pequeño hábito que evita muchos de esos frustrantes momentos de vacío.
No hay necesidad de llevarlo todo en la cabeza, y apoyarse en recordatorios externos es simplemente sensato. Un calendario que consulte, listas, recordatorios en el móvil y un lugar fijo para las cosas que siempre pierde —llaves, gafas, teléfono— ayudan a aliviar la presión. Mantener rutinas estables también ayuda, ya que cuanto más automático es algo, menos depende de que lo recuerde. Esto es trabajar de forma más inteligente, no una señal de que no pueda con todo.
La memoria funciona peor bajo estrés, por lo que preocuparse por los olvidos puede, irónicamente, empeorarlos. Cuando una palabra o un nombre no le viene a la mente, a menudo surge por sí solo una vez que deja de esforzarse por recordarlo y sigue adelante. Ser paciente con una misma en esos momentos, en lugar de tratar cada vacío como una señal de alerta, ayuda de verdad. Una mente más tranquila recuerda con mayor facilidad que una ansiosa.
Estos cambios en la memoria son una parte común, y generalmente pasajera, de la menopausia, no una señal de deterioro. Unos pocos hábitos sencillos y un poco de autocompasión hacen que los momentos de vacío sean más fáciles de sobrellevar.