

Pasar muchas horas al volante mantiene el cuello y la espalda en prácticamente la misma posición durante largos periodos. Incluso con un asiento bien ajustado, permanecer inmóvil es lo que suele dejarte con rigidez y dolor al final del trayecto. Hacer descansos regulares es una de las formas más sencillas de hacer que el viaje sea más llevadero.
Tu cuello y tu espalda están diseñados para moverse. Cuando mantienes una misma postura durante mucho tiempo, los mismos músculos trabajan sin descanso y los discos y articulaciones de la columna no reciben el movimiento suave que necesitan.
Por eso la rigidez suele aparecer de forma gradual durante la conducción, en lugar de hacerlo de golpe. Moverse con regularidad permite que esos músculos se relajen y se recuperen, en lugar de estar bajo tensión durante todo el trayecto.
No existe una regla única para todos, pero las investigaciones sobre estar sentado durante mucho tiempo sugieren que interrumpir los periodos largos con algo de movimiento ayuda a reducir la rigidez y las molestias. Muchos conductores notan una diferencia significativa al hacer una parada breve cada dos horas, o siempre que sea seguro y práctico.
Si no puedes hacer una parada larga, incluso los momentos breves cuentan. Hacer una pausa para salir del vehículo, estirarse y moverse durante un minuto o dos suele ser suficiente para aliviar la tensión.
Un descanso es más efectivo si realmente te mueves, en lugar de quedarte sentado con el motor apagado. Cuando pares, intenta salir del vehículo, caminar un poco y dejar que tu espalda y tu cuello se muevan con libertad.
Unos movimientos suaves también pueden ayudar. Girar lentamente la cabeza de lado a lado, rotar los hombros hacia atrás y arquear suavemente la espalda hacia atrás con las manos en la zona lumbar ayuda a contrarrestar la postura estática y encorvada de la conducción.
La mejor rutina es aquella que realmente puedes cumplir. Si te resulta difícil hacer paradas largas, intenta vincular los descansos breves a actividades que ya realizas, como repostar, esperar una entrega o llegar a un punto concreto de tu ruta.
Muchas personas descubren que hacer descansos cortos y frecuentes les permite sentirse más despejadas y con menos rigidez que si intentan conducir todo el trayecto de una vez, tanto durante el viaje como después.
Para aprovechar al máximo una parada, puedes probar esta sencilla secuencia: rota los hombros lentamente hacia atrás varias veces, gira la cabeza con suavidad para mirar por encima de cada hombro y, finalmente, coloca las manos en la zona lumbar y arquea ligeramente la espalda hacia atrás, solo hasta donde te resulte cómodo.
Si prefieres seguir una versión guiada, VIDA dispone de un breve vídeo de estiramientos que puedes realizar a tu propio ritmo siempre que hagas una parada.