Si tienes dislexia, ya sabes que es mucho más que solo leer y escribir. Se trata de cómo tu cerebro procesa la información, cómo organizas tu día y, a veces, cómo te desenvuelves en tu trabajo. Pero lo que quizás te sorprenda es cómo la dislexia también puede afectar a tu cuerpo de forma silenciosa, especialmente si pasas todo el día sentado en un escritorio o trabajando en una oficina ajetreada.
No es algo de lo que se hable a menudo, pero es importante. Mucho. Porque cuando tu cerebro se esfuerza más de la cuenta para seguir el ritmo, tu cuerpo puede empezar a sentir la tensión.
No es solo cosa tuya. Tu cuerpo también lo siente
Las personas con dislexia a menudo tienen que esforzarse más en tareas que otros dan por sentadas, como leer correos electrónicos largos, cambiar entre diferentes herramientas de software o rellenar formularios. Esta carga mental adicional puede provocar:
- Tensión en el cuello, los hombros o la espalda porque te concentras tanto que te olvidas de moverte o de corregir tu postura.
- Malos hábitos al sentarse, especialmente si tienes prisa por terminar tareas que te resultan abrumadoras.
- Evitar los descansos porque una vez que estás concentrado, parar parece arriesgado, pero estar sentado demasiado tiempo puede agarrotar tus músculos y articulaciones.
- Estrés adicional, que puede tensar los músculos y empeorar el dolor existente.
Si algo de esto te resulta familiar, no estás solo. Muchas personas con dislexia han experimentado lo mismo y existen formas de aliviar la carga sobre tu cuerpo.
Lo que ha ayudado a otros (y podría ayudarte a ti también)
Aquí tienes algunas ideas que a muchas personas con dislexia les han resultado útiles para reducir la tensión y estar más cómodas en el trabajo:
- Usa elementos visuales en lugar de palabras. Los recordatorios con códigos de colores, las notas adhesivas con símbolos o los diagramas de flujo en la pared pueden ayudarte a mantener el rumbo sin depender de largas listas escritas. Esto significa menos gimnasia mental y más tiempo para prestar atención a tu postura o estirarte.
- Prueba herramientas de voz. El software de dictado o las aplicaciones que leen texto en voz alta pueden quitar presión a tus ojos y liberar tus manos. Esto puede facilitar que mantengas una postura relajada en lugar de encorvarte frente a la pantalla.
- Incorpora recordatorios para moverteIncluso una suave vibración en el teléfono o una notificación en la pantalla pueden animarte a levantarte, estirarte o corregir tu postura. No hace falta que hagas una rutina de ejercicio completa; basta con mover los hombros o caminar un poco hasta la cocina.
- Mantén tu escritorio despejadoEl desorden puede distraer. Un espacio ordenado y tranquilo facilita la concentración y el movimiento. A algunas personas les ayuda usar cajas, bandejas o carpetas de colores para sentir que tienen todo bajo control.
- Divide tus tareasDividir las tareas en pasos más pequeños le da un respiro a tu cerebro. Además, crea momentos naturales para hacer una pausa, estirarte y prestar atención a cómo se siente tu cuerpo.
- Sé amable contigo mismoHay días que simplemente son más difíciles que otros. Eso no significa que estés fallando; solo significa que tu mente y tu cuerpo están trabajando mucho. Los pequeños logros suman.
Mereces sentirte bien en el trabajo
El hecho de que la dislexia no sea visible no significa que no te afecte físicamente. Está bien pedir herramientas que se adapten a tu cerebro y a tu cuerpo. La comodidad y la concentración no son lujos, son parte de tu bienestar.
Si te sientes rígido, adolorido o agotado después del trabajo, puede que no sea por tu silla o tus zapatos. Quizás es tu cerebro haciendo un esfuerzo excesivo en silencio. Dale un poco de apoyo, tanto a él como a tu cuerpo. Te sorprenderá lo mucho mejor que te sentirás.