

Quizás lo hayas notado poco a poco. Esa misma jornada en tu escritorio que antes no te molestaba, ahora te deja más rígida, con más dolores y te cuesta más entrar en calor. Es fácil atribuirlo a la edad y dejarlo pasar. Sin embargo, hay mucho más detrás y vale la pena saberlo, porque la causa es real y hay mucho que puedes hacer al respecto.
El estrógeno no solo tiene que ver con la menstruación y la fertilidad. También interviene en tus músculos, articulaciones, tendones y huesos, ayudando a mantenerlos flexibles, fuertes y sin molestias. A medida que sus niveles disminuyen durante la perimenopausia y la menopausia, esos tejidos notan el cambio. Las articulaciones pueden volverse más rígidas y doloridas, los tendones pierden elasticidad, y es más difícil mantener la masa muscular y ósea. Por eso, esas horas frente al escritorio que a los 40 no suponían nada, ahora pueden sentirse de forma muy distinta. Es algo tan común que tiene nombre: a veces se le llama síndrome musculoesquelético de la menopausia, y no es algo que te estés imaginando.
El tipo de rigidez que acompaña a este cambio suele ser más intenso después de haber permanecido en la misma posición durante un tiempo. Eso es precisamente lo que ocurre tras una larga jornada en el escritorio, así que no es de extrañar que aparezca ahí, junto con esa rigidez al levantarte por la mañana o tras estar sentada, que muchas mujeres notan. La parte positiva es que el movimiento ayuda ahora más que nunca, porque mantenerse activa es lo que alivia esa sensación.
La clave es moverse poco, pero a menudo. Levantarte con frecuencia para moverte, aunque sea solo un minuto, evita que la rigidez se instale y ayuda a que tus articulaciones se sientan más cómodas durante el día. Puedes intentar asociarlo a actividades que ya haces: ponerte de pie para las llamadas, dar un breve paseo entre tareas o estirarte cuando vayas a rellenar tu botella de agua. No hace falta nada drástico; ese goteo constante de movimiento marca una gran diferencia.
Aquí es donde hay que ser claros. Los músculos y los huesos se mantienen fuertes cuando se les da trabajo, y esto es aún más importante después de la menopausia, cuando ambos son más difíciles de conservar. Todo esfuerzo cotidiano cuenta: estar de pie, cargar con la compra, subir escaleras, y realizar algún tipo de ejercicio de fortalecimiento es especialmente valioso en esta etapa. Consumir suficiente proteína, así como calcio y vitamina D para tus huesos, refuerza este objetivo desde otro frente.
La menopausia rara vez viene sola. El insomnio, la fatiga, los sofocos y la falta de concentración también pueden aparecer, y cada uno de ellos hace que el día en el escritorio sea más difícil a su manera. Ser amable contigo misma en estos momentos es sensato, no una debilidad. Ajustar lo que puedas —usar un ventilador, buscar un lugar más fresco o ser más flexible al abordar las tareas exigentes— ayuda a aliviar parte de la presión.
Si los dolores articulares o cualquier otro síntoma de la menopausia están afectando realmente tu día a día, vale la pena hablar con tu médico sobre las opciones de apoyo disponibles, ya que hay más alternativas de las que muchas mujeres creen. Mientras tanto, si sientes rigidez tras estar mucho tiempo sentada, VIDA tiene un breve vídeo de estiramientos guiados que puedes seguir a tu propio ritmo para aliviarla.