

Cuando tu sueño ha mejorado, es natural preguntarse qué parte de tu rutina sigues necesitando. ¿Tienes que seguir haciéndolo todo? La buena noticia es que no todos los hábitos tienen la misma importancia. Unos pocos hábitos fundamentales suelen marcar la mayor diferencia.
Las investigaciones sobre los problemas de sueño a largo plazo sugieren que los enfoques más eficaces se centran en un puñado de comportamientos clave. Suele merecer la pena mantener estos:
Otros hábitos pueden ser útiles, pero no tienen por qué ser estrictos. Las pautas sobre el sueño señalan que los consejos generales, como las normas sobre el dormitorio o qué evitar, suelen tener menos efecto que los hábitos fundamentales mencionados anteriormente. Así que puedes relajarte un poco con cosas como:
Algunos hábitos ayudan tanto a tus dolores como a tu sueño, como una postura de descanso adecuada, aplicar calor en las zonas rígidas o realizar movimientos suaves por la noche. Si te ayudan a sentirte cómodo, merece la pena mantenerlos.
Si relajas un hábito y notas que tu sueño empeora, es una información útil. Puedes volver a incorporarlo y mantenerlo como parte de tu rutina.
Anota los dos o tres hábitos que crees que más han ayudado a tu sueño. Haz que esos sean innegociables y permítete ser flexible con el resto.