

Al final de un día tenso, es posible que notes que tus hombros se han encogido hacia tus orejas, que sientes el cuello rígido o que un dolor se instala en tu espalda. El estrés tiene la forma de alojarse silenciosamente en los músculos mucho antes de que te sientas mentalmente agotado. Esa rigidez es real y existen formas sencillas de ayudar a liberarla.
Cuando estás bajo presión, tu cuerpo se tensa ligeramente como parte de su respuesta natural, y esa tensión leve suele instalarse en el cuello, los hombros y la espalda. Por lo general, ocurre sin que te des cuenta, especialmente cuando estás concentrado o nervioso. Si se mantiene el tiempo suficiente, esa tensión se convierte en la rigidez y el dolor que sientes. La incomodidad puede retroalimentar tu nivel de estrés, haciendo que ambos se mantengan mutuamente, por lo que lo mejor es aliviar ambos al mismo tiempo.
La tensión se acumula gradualmente a lo largo de las horas, por lo que relajarla en pequeñas dosis durante el día es mejor que esperar a que se convierta en un nudo. Unos segundos de movimiento de vez en cuando les recuerdan a esos músculos que pueden relajarse.
Podrías intentar:
Debido a que la tensión comienza con el estrés, calmarlo le da a los músculos una razón para relajarse en lugar de volver a tensarse de inmediato.
Podrías intentar:
Si tienes un momento para liberar adecuadamente el cuello, los hombros o la espalda, un estiramiento lento y suave puede ayudar a aliviar parte de la presión. El objetivo es sentir una ligera sensación de alivio, nunca algo que llegue a causar dolor. Si deseas seguir una versión guiada, VIDA tiene un video de estiramientos cortos que puedes hacer a tu propio ritmo.