Cuando las molestias empiezan a interferir en tus planes
Nicola Tik

A esta edad, tu cuerpo suele seguirte el ritmo sin problemas, así que cuando aparece un dolor que te impide hacer lo que te gusta —ir al gimnasio, jugar un partido, estar de pie toda la tarde o ver a tus amigos— resulta realmente molesto. Pasar tiempo con los amigos y mantenerse activo es una parte fundamental de tu vida ahora mismo, y no quieres que perderte esas cosas se convierta en un hábito. Lo frustrante es que las dos reacciones más obvias, forzar la máquina o dejarlo todo por completo, suelen ser las que menos ayudan.

Por qué forzar y abandonar son contraproducentes

Cuando algo duele, el instinto suele llevarte a uno de estos dos extremos: apretar los dientes y seguir como si nada, o dejar la actividad por completo hasta que pase. Forzar suele irritar aún más la zona dolorida, por lo que nunca llega a recuperarse. Por otro lado, quedarse totalmente quieto a menudo te deja más rígido y sin avanzar hacia la recuperación. La mayoría de las molestias se alivian más rápido buscando un punto medio: seguir moviéndote, pero evitando aquello que te causa dolor.

Adapta la actividad en lugar de abandonarla

Rara vez tienes que elegir entre hacerlo todo a tope o no hacer nada. Si correr es demasiado, caminar o nadar te mantiene activo sin el mismo impacto. Si una sesión completa de gimnasio te causa molestias, puedes entrenar las partes que no te duelen y bajar la intensidad en el resto. Si pasar mucho tiempo de pie te agota, puedes sentarte un rato. Mantener lo que te gusta con una pequeña adaptación es mucho mejor que dejarlo de lado y esperar a ver qué pasa.

Mantén tu vida social

Como gran parte de la vida a esta edad ocurre con otras personas, merece la pena proteger esos momentos incluso cuando tienes molestias. Puedes proponer algo más suave cuando te toque elegir, quedar para caminar o comer en lugar de hacer algo que te deje dolorido, o simplemente ir y tomártelo con calma en vez de perderte el plan. Ser sincero con tus amigos ayuda; la mayoría preferirá adaptar el plan antes que no contar contigo, y mantener el contacto mejora tu estado de ánimo, lo que hace que todo se sienta más llevadero.

Deja que se calme sin detenerte por completo

Bajar el ritmo no es lo mismo que parar. Cuando algo te molesta, puedes reducir la intensidad durante una o dos semanas, seguir moviéndote con suavidad y retomar el ritmo poco a poco a medida que mejore, en lugar de pasar de cero a cien. El movimiento suave suele ayudar a que las molestias desaparezcan más rápido que el reposo absoluto, así que el objetivo es mantenerte activo a un nivel cómodo, no paralizarlo todo y esperar.

Algunas cosas que puedes probar

No deberías tener que poner tu vida en pausa para que un dolor desaparezca, y a esta edad realmente no es necesario. Mantenerte en movimiento de una forma un poco más suave suele ser lo que te permite volver a la normalidad lo antes posible.