Cuando el estrés laboral se refleja en tu cuello y tus hombros
Nicola Tik

Hay días en el trabajo que agotan mucho más de lo que las tareas por sí solas podrían explicar. Una conversación difícil, una preocupación que arrastras o el esfuerzo de mantener la compostura pueden dejarte exhausto de una forma que sientes en el cuerpo, con el cuello y los hombros tensos que parecen no querer relajarse. Cuando el trabajo es emocionalmente duro, suele manifestarse ahí primero.

Cómo los sentimientos difíciles se alojan en tu cuerpo

Las emociones son tanto físicas como mentales, y las difíciles suelen venir acompañadas de una tensión que se instala en el cuello, los hombros y la mandíbula. Cuando te guardas mucho, intentas mantener la calma durante un día complicado o apartas tus sentimientos para seguir adelante, ese esfuerzo suele tener una repercusión física que quizás no notes hasta más tarde. El cuerpo retiene un poco de lo que no logramos liberar. Por eso, la rigidez no es algo ajeno al mal momento que estás pasando, sino parte de lo mismo; por eso, cuidar tus emociones es tan importante como relajar los músculos.

Dale a tus sentimientos una vía de escape

Cuando las emociones tienen una salida, el cuerpo tiene menos que retener. No significa hacer un drama de ello, sino simplemente darle un poco de espacio a lo que sientes en lugar de reprimirlo todo el día.

Podrías intentar:

Ayuda a tu cuerpo a soltar también

Junto con la gestión emocional, darle a la tensión una salida física ayuda a que ambos aspectos se calmen. El movimiento suele ser mejor que quedarse quieto, ya que le da a esa energía contenida un lugar por donde liberarse.

Podrías intentar:

Si deseas un estiramiento guiado y suave para relajarte después, VIDA tiene un video corto que puedes seguir a tu propio ritmo.

Sé amable contigo mismo en los días difíciles

En los días que te dejan agotado, intenta tratarte con la misma paciencia que le ofrecerías a un amigo en la misma situación. Un mal momento en el trabajo es duro, y no necesitas añadirle el ser duro contigo mismo. Darte un poco de espacio y hacer algo pequeño que te resulte reparador no es un capricho, es parte de cómo te recuperas y sigues adelante.

En resumen