

Terminas una llamada larga y te das cuenta de que sigues sentado con la espalda erguida y cómoda, sin haberlo pensado ni una sola vez. Es fácil pasar por alto momentos así, pero son importantes. Notar qué se siente al estar sentado con la espalda erguida es una de las formas más sencillas de consolidar el hábito.
Los hábitos tienden a perdurar cuando resultan gratificantes en el momento, no solo cuando son útiles en teoría. Las investigaciones sobre la formación de hábitos sugieren que las personas que disfrutan de un nuevo comportamiento, o que notan algo positivo en él, crean un hábito más sólido que quienes lo hacen simplemente porque creen que deberían hacerlo.
Sentarse con la espalda erguida puede convertirse fácilmente en una obligación. Identificar lo que realmente te aporta hace que pase a ser algo que eliges porque te hace sentir mejor.
La experiencia de cada persona es un poco diferente, pero hay algunas cosas que muchos suelen percibir.
Respirar resulta más fácil. Cuando te sientas con la espalda erguida, tu caja torácica tiene más espacio para moverse. Algunos estudios sugieren que la respiración es algo más eficiente en una posición erguida que encorvada, y muchas personas describen que se siente menos opresiva.
Sentirse más alerta. Pequeños estudios han descubierto que las personas que se sientan erguidas afirman sentirse con más energía y menos decaídas que las que se sientan encorvadas. La evidencia es aún modesta, pero coincide con lo que mucha gente nota durante una larga tarde.
Mostrarse de otra manera. Algunas personas descubren que sentarse con la espalda erguida en una videollamada o en una reunión les ayuda a sentirse más presentes y participativas. Puede ser algo sutil, y eso está bien.
Quizás notes algo completamente distinto, como que tu cuello se siente más relajado al final del día o simplemente que te gusta la sensación. Tus propias razones son las que más cuentan.
Estos beneficios son fáciles de pasar por alto porque son pequeños y discretos. Podrías intentar elegir un momento cotidiano esta semana, como después de una llamada o al terminar una tarea concentrada, y preguntarte cómo te sientes. ¿Tu respiración es fluida? ¿Te sientes más activo de lo habitual?
No hace falta que escribas nada. El simple hecho de notarlo es suficiente para ayudar a tu cerebro a asociar el sentarse con la espalda erguida con una sensación de bienestar.
Con el tiempo, las razones por las que empezaste suelen importar menos que las razones por las que continúas. Si descubres lo que te aporta sentarte con la espalda erguida, eso se convierte en tu propio recordatorio, y suele durar mucho más que una alerta en el móvil.
Tu resumen semanal en VIDA muestra cómo avanza tu progreso, lo cual puede ser un buen recordatorio de lo mucho que ha evolucionado el hábito.