

La natación se recomienda con frecuencia para los problemas articulares, y con razón. Pero la idea de que es universalmente suave para el cuerpo merece ser examinada con más detenimiento. Este artículo analiza qué hace realmente la natación por tus articulaciones y por qué funciona bien para algunas personas y no tan bien para otras.
El agua soporta una proporción significativa del peso corporal durante la natación, lo que reduce considerablemente la carga sobre las articulaciones de carga de las caderas, rodillas y columna vertebral en comparación con la actividad en tierra. Para las personas cuyas articulaciones son sensibles al impacto o la compresión, ese efecto de descarga puede hacer de la natación una de las formas más cómodas de mantenerse activo.
La naturaleza fluida y continua de la natación también mueve las articulaciones a través de un amplio rango de movimiento sin los impactos bruscos que provienen de las actividades de impacto. Para la movilidad articular y la forma física cardiovascular, la natación ofrece una forma de esforzarse sin la carga que implican otras formas de ejercicio.
La natación regular desarrolla la resistencia en los músculos de los hombros, la espalda, las caderas y el core, todo lo cual contribuye a la salud articular en esas zonas con el tiempo. La resistencia del agua proporciona una carga constante y relativamente suave sobre los músculos sin ejercer una gran tensión sobre las superficies articulares.
Para las caderas y las rodillas en particular, la natación es una de las actividades mejor toleradas de forma constante para las personas que padecen dolor articular. La combinación de movimiento, trabajo muscular y compresión reducida la convierte en una opción realmente útil para mantener la salud y la forma física de las articulaciones cuando las actividades de mayor impacto resultan incómodas.
La naturaleza de bajo impacto de la natación no es lo mismo que ningún impacto en el cuerpo. Los hombros, el cuello y la zona lumbar son áreas que la natación puede cargar considerablemente, dependiendo del estilo, la técnica y el volumen.
El hombro es la articulación más comúnmente afectada por el dolor relacionado con la natación. El movimiento repetitivo por encima de la cabeza y de tracción del crol en particular ejerce una demanda alta y repetitiva sobre el hombro, y los problemas tienden a desarrollarse cuando el volumen aumenta rápidamente o cuando algo en la mecánica del estilo está sometiendo la articulación a una tensión innecesaria.
La natación tampoco es una actividad de carga, lo que significa que no contribuye a la densidad ósea de la misma manera que caminar o correr. Para las personas que nadan como su forma principal o única de ejercicio, complementarla con alguna actividad de carga favorece la salud ósea de una manera que la natación por sí sola no puede.
Variar los estilos durante una sesión distribuye la carga entre diferentes grupos musculares y articulaciones en lugar de concentrarla en una sola zona. Combinar crol con espalda o utilizar diferentes ejercicios puede hacer una sesión más equilibrada y reducir la demanda repetitiva sobre una única estructura.
Aumentar el volumen de natación gradualmente, especialmente después de un descanso o al aumentar la distancia, da tiempo a los músculos y articulaciones para adaptarse. Las estructuras del hombro en particular se adaptan más lentamente que la forma física cardiovascular, lo que significa que es posible sentirse preparado para nadar más antes de que el cuerpo se haya adaptado por completo.