

Eres una persona activa. Pero después de varias semanas agotadoras, incluso el entrenamiento que normalmente esperas con ilusión puede empezar a sentirse como una carga más. Cuando ya no te queda energía, la verdadera cuestión es cómo seguir adelante de una forma que te recargue en lugar de dejarte vacío.
Mantenerse activo es una de las mejores cosas que puedes hacer durante una etapa de estrés laboral, pero ayuda saber que el entrenamiento y la presión del trabajo consumen las mismas reservas. Tu cuerpo se recupera de una sesión intensa y de una semana dura de la misma manera, por lo que cuando ambas coinciden, la recuperación puede empezar a retrasarse. Si cada entrenamiento supone un esfuerzo extra sobre un trabajo ya de por sí agotador, puedes terminar más exhausto en lugar de menos. Reconocer esa coincidencia es lo que te permite seguir moviéndote sin desgastarte.
En los días en que el trabajo te ha dejado sin fuerzas, es fácil caer en el todo o nada: o te obligas a hacer una sesión completa o la saltas por completo. Hay mucho margen entre ambos extremos, y una versión más ligera casi siempre es mejor que no hacer nada. Bajar la intensidad protege el hábito y te sigue aportando lo que más necesitas, como moverte, salir al aire libre o despejar la mente.
Podrías probar a:
No todas las sesiones tienen que ser un esfuerzo; cuando el trabajo es intenso, un movimiento más suave puede hacer más por ti que otro entrenamiento duro. Los paseos tranquilos, los ejercicios de movilidad, la natación o algo como el yoga ayudan a tu cuerpo a relajarse y dan a tu mente un respiro de la exigencia constante. Incluir algunas de estas sesiones es, a menudo, lo que hace que todo sea sostenible durante un periodo ajetreado.
Si quieres realizar unos estiramientos guiados para relajarte después de una sesión, VIDA tiene un vídeo corto que puedes seguir a tu propio ritmo.
Tu cuerpo suele avisarte cuando el equilibrio se ha roto, si le das espacio para que te hable. El insomnio, un cansancio profundo que el descanso no alivia, sentir pereza ante sesiones que normalmente disfrutas o estar más agotado de lo habitual son señales que debes tomar como información, no como algo que debas ignorar. Bajar el ritmo cuando aparecen es la opción más inteligente, no la más débil, y suele significar que volverás a estar al cien por cien antes.