

Si seguiste el consejo de estar más de pie y te comprometiste de verdad, es posible que ahora pases la mayor parte del día erguido, con las piernas y la zona lumbar empezando a quejarse. Es una situación muy comprensible. Lo importante es saber que estar de pie no es automáticamente mejor que estar sentado. Como en casi todo, lo que beneficia es el equilibrio, no los extremos.
Aquí tienes un dato fascinante sobre el diseño de nuestro cuerpo. Cada vez que los músculos de la pantorrilla se contraen al moverte, bombean la sangre y los fluidos desde las piernas hacia el corazón; por eso a veces se les llama el segundo corazón. Si permaneces de pie sin moverte durante mucho tiempo, esa bomba se detiene. Los fluidos empiezan a acumularse en la parte inferior de las piernas y los pies, lo que explica por qué pueden sentirse pesados, hinchados o doloridos al llegar la tarde. La solución no es sentarse, sino mantener las pantorrillas en movimiento, ya que es el movimiento lo que vuelve a activar la bomba.
Mantener una misma postura de pie durante horas tiene sus consecuencias, al igual que estar sentado. Los estudios sobre estar de pie de forma prolongada relacionan los periodos largos y estáticos con el dolor de piernas y molestias en la zona lumbar, incluso en personas que están en perfecta forma física. El denominador común con estar sentado es la inmovilidad. Tu cuerpo no te pide realmente que estés de pie o sentado, te pide que no te quedes congelado en ninguna de las dos posturas durante demasiado tiempo.
Si has pasado de estar sentado todo el día a estar de pie la mayor parte del tiempo, volver a un equilibrio te hará sentir mucho mejor. Las recomendaciones suelen sugerir un par de horas de pie repartidas a lo largo de la jornada laboral, en lugar de cuatro, cinco o más de una sola vez. Aumentar el tiempo de forma gradual y hacer que estar de pie sea solo una parte de tu día, en lugar de la totalidad, es mucho más amable con tus piernas y tu espalda que intentar hacerlo todo de golpe.
Cuando estés de pie, hay pequeños gestos que ayudan a mantener la comodidad. Puedes probar a cambiar el peso de un pie a otro, apoyar un pie en un reposapiés bajo e ir alternando, o dar unos pasos siempre que te acuerdes. Mantener las rodillas relajadas en lugar de bloqueadas ayuda a que todo esté más distendido. Y recuerda: sentarte durante parte del día no es retroceder, es la otra mitad del equilibrio.