

Al terminar la jornada, el sofá parece la única opción razonable. Moverse suele ser lo último que apetece, aunque en el fondo sepas que estar sentado toda la tarde te hace sentir peor. Sin embargo, volver a activarse no requiere entrenamientos intensos ni fuerza de voluntad, solo pequeños gestos que encajen en un día agotador.
Cuando el trabajo te agota, el cansancio suele ser más mental que físico, y ese tipo de fatiga drena tu motivación para moverte, incluso cuando tu cuerpo podría hacerlo. Estar sentado durante mucho tiempo te deja rígido y pesado, lo que hace que la idea de moverse sea aún menos atractiva. Se convierte en un círculo vicioso: la falta de movimiento reduce tu energía, y la falta de energía hace que moverse cueste más. Lo que sorprende a la mayoría es que la actividad suave tiende a recargar tus niveles de energía en lugar de agotarlos.
Cuando estás agotado, el truco es bajar el listón hasta que sea casi imposible decir que no. Un objetivo como hacer ejercicio completo no encaja en una tarde de cansancio, pero un par de minutos rara vez suponen un problema. Empezar suele ser lo más difícil, y una vez que te pones en marcha, el impulso suele llevarte un poco más lejos.
Podrías probar:
Cualquier movimiento cuenta, aunque no parezca ejercicio. Por eso, es útil vincularlo a actividades que ya realizas en lugar de buscar un momento específico. Esto elimina la necesidad de tomar una decisión, algo fundamental en esas noches en las que tu fuerza de voluntad está bajo mínimos.
Algunas opciones:
No se trata de ganar nada ni de compensar las horas frente al escritorio; enfocarlo así ayuda a mantener el hábito. Elige actividades que no te supongan un esfuerzo, ya sea escuchar música mientras ordenas, pasear al aire libre o estirarte lentamente en el suelo. En los días de bajón, simplemente levantarse y moverse un poco es un logro real que merece la pena celebrar.
Si te apetece hacer unos estiramientos al final del día, VIDA tiene un vídeo corto que puedes seguir a tu propio ritmo.