

Te tumbas buscando alivio, pero te duele la zona lumbar te pongas como te pongas. Luego llega la mañana y levantarse de la cama parece una operación lenta y delicada. El dolor lumbar y el sueño suelen ir de la mano, pero unos pequeños cambios pueden hacer que las noches y los despertares sean más llevaderos.
Mucha gente asume que un colchón muy firme es lo mejor para el dolor de espalda. Un estudio muy conocido comparó colchones firmes y de firmeza media en personas con dolor lumbar crónico. Quienes usaron colchones de firmeza media reportaron menos dolor en la cama y al despertar que quienes usaron colchones firmes. Un colchón que permita que las caderas y los hombros se hundan ligeramente, mientras sigue dando soporte a la cintura, parece ser lo más adecuado para la mayoría de las espaldas.
Si comprar un colchón nuevo no es una opción, un cubrecolchón puede suavizar una cama demasiado firme. Un tablero debajo de un colchón muy blando o hundido puede darle más firmeza.
No existe una única postura ideal, pero unos pequeños apoyos pueden ayudar a que tu espalda se relaje:
Tras horas de estar relativamente inmóvil, la espalda puede sentirse rígida al despertar. Esto suele mejorar durante la primera media hora de movimiento. Es una señal de que tu espalda está lista para moverse, no de que algo vaya mal.
Cuando tienes la espalda rígida, incorporarte directamente desde la posición tumbada puede resultar incómodo. Muchas personas encuentran que girarse primero hacia un lado, luego empujarse con los brazos mientras balancean las piernas hacia el borde de la cama, es mucho más suave para la espalda.
Mantenerse activo durante el día es una de las cosas que más ayuda con el dolor lumbar, y también puede ayudarte a dormir mejor. Tus hábitos diurnos y tus noches están más conectados de lo que parece.
Si duermes de lado, prueba a ponerte una almohada entre las rodillas y observa cómo se siente tu espalda por la mañana.