

La mayoría de nosotros organizamos nuestros escritorios de modo que nunca tengamos que levantarnos. Todo está al alcance de la mano, lo cual parece eficiente, pero facilita estar sentado durante horas sin darse cuenta. Unos pequeños cambios en tu espacio pueden convertir momentos cotidianos en pausas naturales para moverse.
Cuando levantarse forma parte de lo que ya estás haciendo, no tienes que acordarte de moverte. Muchas personas encuentran útiles pequeños cambios como estos:
Cada uno de ellos añade un pequeño trayecto o una pausa a tu día sin necesidad de recordatorios.
Las investigaciones sobre escritorios que permiten alternar entre estar sentado y de pie revelaron que, al principio, las personas pasaban una hora y media menos sentadas cada jornada laboral. Ese efecto tendía a disminuir con el tiempo, por lo que el escritorio funciona mejor como un estímulo para cambiar de postura regularmente, no como un cambio puntual. Si tienes uno, podrías intentar elevarlo en un momento determinado cada día, por ejemplo, después de comer.
Tu espacio puede variar según dónde trabajes. En casa, puede ser útil hacer llamadas o leer en un lugar distinto al que utilizas para escribir. En la oficina, elegir la cocina o la fuente de agua más alejada de tu escritorio añade unos cuantos pasos extra.
Ninguno de estos cambios es importante por sí solo. Pero, juntos, pueden añadir varias pausas breves a tu día. Los cambios de postura cortos y regulares ayudan a aliviar la rigidez y a mantenerte más alerta.
Elige un pequeño cambio en tu espacio y pruébalo durante toda la semana. Observa cuántas veces más te levantas gracias a ello.