

Tener el cuello tenso y pasar el día frente al escritorio son dos cosas que suelen chocar. El cuello necesita movimiento y variedad, pero la jornada laboral a menudo exige mantener una misma postura durante horas. Este artículo trata sobre cómo cerrar esa brecha para que puedas seguir trabajando sin que tu cuello se quede bloqueado.
La relación es bastante mecánica. Cuando te sientas y te concentras, los músculos de la parte posterior del cuello y los hombros trabajan constantemente para sostener la cabeza. En un cuello que se está recuperando, esos tejidos ya sensibles apenas descansan, y por eso es habitual sentir más rigidez por la tarde que a primera hora.
La clave está en la carga estática. Un músculo que se mantiene en una posición fija, incluso si es una postura suave, se fatiga mucho más rápido que uno que se mueve. Así que no es que hayas hecho nada malo al llegar el mediodía; es simplemente que tu cuello ha estado trabajando sin descanso.
Y ahí está la buena noticia. La solución no es hacer menos, sino interrumpir la inmovilidad con más frecuencia, algo muy fácil de lograr durante una jornada laboral normal.
En lugar de reservar un tiempo específico para hacer ejercicios, deja que el propio trabajo genere el movimiento. Ponerte de pie para hacer llamadas, caminar para hablar con alguien en lugar de enviar un mensaje o colocar un documento en otra mesa para tener que girarte son formas de romper la postura estática sin perder la concentración.
Un ritmo útil que a mucha gente le funciona es cambiar ligeramente de posición cada 20 o 30 minutos. Puede ser mirar lentamente hacia cada lado, hacer un suave giro de hombros o simplemente levantarse y estirarse. Lo que ayuda es la frecuencia, no la intensidad del movimiento.
Tu cuello suele decirte lo que necesita si dejas que marque el ritmo. Una rigidez creciente o un dolor sordo son señales para cambiar de postura, no un motivo para dejar de trabajar. Si sientes un dolor más agudo, es una señal para detener ese movimiento específico y retomarlo con suavidad más tarde.
No hay un orden fijo que seguir. En un día de mucho uso de pantalla, quizás necesites moverte más a menudo; en un día más ligero, puede que tu cuello apenas se queje. Dejar que el día marque el ritmo suele funcionar mejor que seguir una rutina rígida.
Algunos días, un cuello tenso se sentirá más sensible, a menudo después de haber dormido mal o tras un largo periodo de concentración. En esos días, puedes acortar los intervalos entre cambios de postura y hacer movimientos más pequeños y lentos, en lugar de forzarte a terminar una tarea de una sola vez.
Un registro de dolor en VIDA es una buena forma de identificar estos patrones a lo largo de la semana laboral, para que puedas ver si ciertos días o tareas tienden a dejar tu cuello más sensible.
Si notas hormigueo o entumecimiento que se extiende hacia el brazo, es recomendable que hables con tu médico de cabecera.