

Sentir rigidez por la mañana o un dolor al abrir un tarro puede pillarte desprevenida. Al llegar a la menopausia, es fácil preguntarse si cada nueva molestia está relacionada con el mismo cambio. Tus manos hacen mucho por ti cada día, y unos sencillos ajustes pueden ayudar a que se sientan más cómodas.
Muchas personas notan nuevas molestias y rigidez en las manos alrededor de la menopausia. El estrógeno ayuda a mantener las articulaciones, los tendones y el tejido conectivo de las manos, además de controlar la inflamación. A medida que los niveles disminuyen, las manos pueden sentirse más rígidas, especialmente a primera hora de la mañana, y el agarre puede sentirse menos firme.
La menopausia no siempre es la única causa. Los cambios en las articulaciones de la base del pulgar o en las de los dedos, la inflamación de los tendones alrededor de la muñeca y la presión sobre un nervio pueden volverse más comunes en la mediana edad. Identificar el patrón, ya sea rigidez, dolor al agarrar objetos u hormigueo, puede ayudarte a entender qué necesitan tus manos.
El primer paso es reducir el esfuerzo de las tareas que provocan dolor, sin tener que abandonarlas por completo:
En tu escritorio, suelta el ratón mientras lees y apoya los antebrazos sobre la mesa. Alternar entre tareas que requieren mucho esfuerzo manual y otras más ligeras a lo largo del día permite que tus manos descansen.
Es fácil pasar por alto el uso del teléfono. Sostenerlo con ambas manos o apoyarlo sobre una superficie alivia la tensión del pulgar. Las notas de voz y el dictado pueden dar un respiro a tus manos en los días más ajetreados.
Las manos suelen sentirse más rígidas después de estar en reposo. Ponerlas bajo el agua tibia o sujetar una taza caliente durante un minuto o dos puede ayudar a que se relajen antes de empezar a usarlas. Realizar movimientos suaves justo después ayuda a que la rigidez disminuya más rápidamente.
Mover las manos suavemente dentro de su rango de movimiento ayuda a mantenerlas flexibles. Con el antebrazo apoyado en una mesa, puedes probar lo siguiente:
Mantén cada movimiento sencillo y redúcelo si alguna articulación duele. El objetivo de estos ejercicios es mantener la movilidad, no poner a prueba hasta dónde puedes llegar.
El hormigueo o entumecimiento en el pulgar y los primeros dedos, especialmente por la noche, puede deberse a la presión sobre un nervio en la muñeca. Esto es más frecuente durante la menopausia. Sacudir la mano suele ayudar a aliviarlo. Mantener la muñeca recta por la noche, en lugar de meterla debajo de la almohada o doblarla hacia adentro, también puede ser útil. Durante el día, observar si ciertas tareas, como sostener el teléfono o agarrar el volante, provocan los síntomas puede ayudarte a identificar qué cambios realizar.
Una vez que la mano se sienta mejor, realizar ejercicios suaves de fortalecimiento ayudará a que pueda volver a afrontar las tareas cotidianas. Apretar ligeramente una pelota blanda o un calcetín enrollado durante unos segundos y luego soltarlo por completo es un buen punto de partida. Unas pocas repeticiones al día son suficientes, y puedes ir aumentando poco a poco.
Dormir mal durante la menopausia puede hacer que el dolor se sienta más intenso al día siguiente. Un dormitorio fresco y un horario regular para levantarse pueden ayudar tanto a tus manos como a tu descanso nocturno. Mantenerse activa de otras formas, como caminar, ayuda a que el resto del cuerpo se mantenga fuerte mientras tus manos se recuperan.
Tu control de dolor de VIDA puede ayudarte a identificar qué tareas o momentos del día hacen que tus manos se sientan peor, y si los pequeños cambios están dando resultado.