

Ahora mismo todo parece estar bajo control. Estás al día con tu trabajo, tu energía se mantiene y te sientes más o menos como siempre. Es una buena situación y merece la pena reflexionar sobre ello, porque mantenerse bien es mucho más fácil que reconstruirse una vez que las cosas se han complicado.
Es tentador prestar atención a cómo afrontas las cosas solo cuando se ponen difíciles, pero los periodos de estabilidad son precisamente el mejor momento para crear hábitos que te mantengan bien. Proteger tu resiliencia mientras la tienes requiere mucho menos esfuerzo que intentar recuperarla después. No se trata de esperar a que ocurra una crisis ni de anticiparla, sino de mantener el buen equilibrio que has logrado. Un poco de atención ahora da sus frutos de forma constante con el paso del tiempo.
Cuando las cosas van bien, ayuda identificar qué es lo que realmente te mantiene estable, para que puedas aferrarte a ello cuando el trabajo se intensifique.
Podrías intentar:
Las etapas tranquilas son un momento ideal para introducir un poco de flexibilidad en tu forma de trabajar, de modo que una racha de mucho trabajo no te lleve directamente al agotamiento.
Podrías intentar:
Sentirse bien en el trabajo no es algo que debas dejar al azar. Un poco de cuidado constante por tu energía y tus límites ayuda a que las buenas rachas duren más y suaviza las más difíciles cuando llegan. Disfrutar de las cosas mientras van bien y cuidar lo que hace que sigan así son aspectos perfectamente compatibles.