

Cargar una furgoneta parece sencillo hasta que tu espalda te recuerda que no lo es. Lo complicado rara vez es el peso en sí, sino el tener que estirarse, girarse e inclinarse sobre el borde para empujar algo hasta el fondo, docenas de veces al día. Unos pequeños cambios en tu forma de cargar pueden repartir ese esfuerzo y hacer que el día sea mucho más llevadero.
Cuanto más lejos de ti esté la carga, más tendrá que esforzarse tu zona lumbar para controlarla, incluso si no es especialmente pesada. Estirarse hacia el interior de la furgoneta con los brazos extendidos es una de las posturas más exigentes para la espalda. Siempre que puedas, desliza los objetos hacia ti por el suelo antes de levantarlos, de modo que el peso quede cerca de tu cuerpo en lugar de a la distancia de tus brazos. Acercar el objeto primero y luego levantarlo es mucho mejor que intentar cargarlo desde una posición estirada.
Pensar un poco en el orden de carga te ahorrará muchas posturas forzadas. Colocar los objetos más pesados y los que más utilizas a la altura de la cintura y cerca de las puertas te evitará tener que agacharte o estirarte constantemente. Las cosas más ligeras pueden ir más al fondo o en la parte superior. Cargar primero las zonas profundas o altas mientras estás descansado te permite dejar el espacio de fácil acceso para los objetos que moverás con más frecuencia.
El movimiento que suele causar problemas en la espalda es girar el tronco para colocar una carga mientras los pies permanecen fijos. Girar y levantar al mismo tiempo es una de las posturas que menos le gustan a la espalda. En su lugar, levanta el objeto de frente y luego gira los pies o pivota para orientar todo tu cuerpo hacia donde vas a dejarlo. Puede parecer más lento al principio, pero pronto se vuelve automático. Dejar que sean tus pies los que giren mantiene tu columna alineada y estable.
Cargar desde el suelo repetidamente implica agacharse por completo cada vez, lo cual pasa factura a lo largo del día. Siempre que sea posible, usar un escalón bajo, un carrito o apoyar los objetos en una superficie elevada reduce la necesidad de agacharse tanto. Dividir una carga pesada en dos viajes más ligeros no es un fracaso, sino una decisión más inteligente para tu espalda. Pequeños ajustes como estos significan menos flexiones profundas cuando llegues a los últimos objetos.
Si tu espalda está cansada o dolorida después de cargar, el movimiento suave suele ayudar más que desplomarse en una silla. Un paseo corto, arquear suavemente la espalda o aplicar un poco de calor suele aliviar las molestias. Cambiar de postura durante la tarde, en lugar de permanecer en una sola, también suele ayudar. Lo que funciona varía de una persona a otra, así que vale la pena observar qué es lo que mejor le sienta a la tuya.
Si quieres probar unos estiramientos guiados para relajar la espalda después de tu turno, VIDA tiene un vídeo corto que puedes seguir a tu propio ritmo.