

Cuando tu trabajo implica esfuerzo físico todo el día, el dolor de cuello puede empezar a sentirse como una parte inevitable de la jornada. No tiene por qué ser así. Este artículo analiza cómo las exigencias del trabajo físico afectan el cuello, por qué la espalda a menudo también forma parte del problema y qué suele ayudar.
El cuello hace más que solo sostener la cabeza. Se encuentra en la parte superior de la columna y se ve directamente afectado por cómo funciona el resto de la espalda debajo de él. En trabajos físicamente exigentes, esa conexión es importante. Cargar peso, agacharse y enderezarse repetidamente, o trabajar con los brazos levantados, todo genera una demanda que se transmite por toda la columna, y el cuello a menudo absorbe más de lo que le corresponde de ese esfuerzo.
Cuando los músculos de la parte superior de la espalda y los hombros están fatigados por un turno largo, el cuello tiende a acumular más tensión para compensar. A lo largo de una jornada laboral, esa acumulación puede dejar el cuello rígido, dolorido o más difícil de mover con comodidad.
La tensión en el cuello durante el trabajo físico a menudo se desarrolla gradualmente y sin mucho aviso hasta que resulta bastante incómoda. Las tareas repetitivas que implican mirar hacia abajo, trabajar en ángulos incómodos o cargar peso en un solo lado son particularmente propensas a cargar el cuello de forma desigual con el tiempo.
Variar las tareas que realizas, cuando tu puesto lo permite, puede ayudar a reducir esa acumulación. Si has estado haciendo un trabajo que carga mucho la parte superior del cuerpo, un período de movimiento más variado o de menor intensidad le da al cuello y a la parte superior de la espalda la oportunidad de recuperarse antes de la siguiente exigencia intensa.
Durante los descansos naturales, unos suaves giros de cuello y movimientos de hombros dentro de un rango cómodo pueden ayudar a evitar que la tensión se acumule. Mantén los movimientos pequeños y sin prisas en lugar de intentar estirar de forma agresiva.
Puede ser tentador, después de un día físicamente exigente, pasar directamente del trabajo a la inactividad. Un poco de descanso es completamente apropiado. Pero un breve período de movimiento suave antes de relajarte por la noche suele ayudar al cuello a recuperarse de forma más eficaz que detenerse bruscamente.
Movimientos suaves de cuello y hombros durante cinco a diez minutos, una caminata corta o algunos movimientos suaves en la parte superior de la espalda pueden ayudar a los músculos a liberar la tensión que han acumulado durante el turno. Muchas personas notan que esto marca una diferencia significativa en cómo se siente el cuello a la mañana siguiente.
Si quieres probar un estiramiento guiado para el cuello y la parte superior de la espalda, VIDA tiene un video corto que puedes seguir a tu propio ritmo.
Si tu cuello está en un brote, vale la pena observar si ciertas tareas en el trabajo parecen agravarlo y ser más consciente de cómo las abordas. Eso podría significar tomarte unos segundos adicionales para ajustar tu posición antes de una tarea en lugar de empezarla rápidamente, o ser más consciente de si estás distribuyendo el peso de manera uniforme en ambos lados. Pequeños cambios en la forma en que realizas las mismas tareas pueden reducir la exigencia en el cuello, incluso cuando no puedes cambiar las tareas en sí.