

Tras una noche interrumpida por dolores, una siesta por la tarde puede resultar muy tentadora. A veces es justo lo que necesitas para sobrellevar el día. Sin embargo, la duración y el momento de la siesta influyen mucho en si te ayuda o si dificulta el descanso de la noche siguiente.
Las investigaciones que comparan diferentes duraciones de siesta tras una noche corta han demostrado que una siesta de 10 minutos es la que mejor mejora el estado de alerta y la concentración, con beneficios que duran unas horas. Las siestas más largas a menudo provocan una sensación de aturdimiento al despertar.
Cuanto más tiempo pasas despierto, más aumenta tu necesidad natural de dormir. Una siesta larga, o una que se hace a última hora de la tarde, consume parte de esa necesidad. Por eso, al llegar la hora de acostarse, es posible que no sientas el sueño suficiente para conciliarlo con facilidad.
Muchas personas encuentran útiles estas pautas:
Si te cuesta conciliar el sueño habitualmente por la noche, puede ser útil evitar las siestas durante un tiempo. De este modo, la necesidad de dormir se acumula a lo largo del día y te ayuda a la hora de acostarte. Un breve descanso sin llegar a dormir, como tumbarte con los ojos cerrados o realizar tu vídeo de VIDA, puede ayudarte a recargar energías.
Si duermes la siesta esta semana, pon una alarma de 20 minutos y hazlo antes de las 15:00. Observa cómo te sientes esa tarde y cómo duermes por la noche.