

A medida que tu peso empieza a cambiar, es posible que sientas tu cuerpo de formas que no esperabas. Puede que subir escaleras te resulte más fácil, mientras que una caminata larga hace que tus rodillas o pies se resientan de una manera nueva. Tanto si estás tomando un medicamento GLP-1 como si estás pensando en hacerlo, unos principios sencillos pueden ayudar a que tus articulaciones se adapten a estos cambios.
Cada paso que das ejerce una presión sobre tus rodillas y tobillos superior a tu propio peso corporal. Esto significa que incluso pequeños cambios de peso pueden marcar una diferencia notable. En un estudio realizado con adultos que presentaban cambios en las articulaciones de la rodilla, cada kilogramo de peso perdido redujo la carga sobre la rodilla en unos cuatro kilogramos con cada paso.
Si tenemos en cuenta los miles de pasos que das cada día, la diferencia es considerable. Muchas personas notan que caminar, subir escaleras o levantarse de una silla les resulta más fácil a medida que pierden peso.
Los cambios en la forma de tu cuerpo también pueden alterar tu forma de moverte. Tu equilibrio, la manera en que apoyas los pies y la alineación de tus caderas y rodillas pueden variar ligeramente. Si además te mueves más que antes, tus músculos, tendones y articulaciones necesitan tiempo para adaptarse a este esfuerzo adicional.
Es normal sentir algunas molestias nuevas a medida que aumenta tu actividad. Tus tejidos se fortalecen cuando se someten a carga de forma gradual, por eso es más importante cómo aumentas la intensidad que la cantidad de ejercicio que haces.
Los músculos responden con bastante rapidez a una mayor actividad, pero los tendones y las articulaciones tardan más en adaptarse. Aumentar una sola cosa a la vez les da la oportunidad de ajustarse.
Algo que puedes probar:
Los músculos fuertes actúan como amortiguadores para tus articulaciones. Los músculos de la parte frontal de los muslos realizan un gran trabajo protegiendo tus rodillas. Movimientos sencillos, como levantarse lentamente de una silla o subir el primer escalón, ayudan a mantenerlos fuertes.
Tus pies también merecen un poco de atención. Un calzado cómodo y con buen soporte puede hacer que las caminatas largas resulten más llevaderas. También conviene revisar tus zapatos de vez en cuando, ya que las suelas desgastadas ofrecen menos amortiguación.
Si estás pensando en tomar un medicamento GLP-1, empezar a moverte un poco más ahora ayudará a que tu cuerpo se acostumbre a la actividad adicional antes de que tu peso empiece a cambiar. Las opciones de bajo impacto, como la natación, pueden ser una forma suave de empezar.
Si ya estás en tratamiento, es posible que notes que tu energía varía de un día a otro, especialmente cuando comes menos. Planificar tus caminatas o actividades para los momentos en los que sueles sentirte con más energía puede ayudarte a mantener la constancia.
Una molestia leve durante o después de la actividad que desaparece al día siguiente suele ser señal de que tu cuerpo se está adaptando. Si la molestia persiste al día siguiente, es una señal para bajar un poco el ritmo y avanzar más despacio.
Con el tiempo, muchas personas descubren que moverse resulta más fácil y agradable a medida que ganan fuerza y confianza.