

Cuando te duele la zona lumbar, quedarse quieto puede parecer la opción más segura. Es posible que esperes al final del día para levantarte o que evites moverte por si la situación empeora. Para muchas personas, lo contrario resulta más eficaz: moverse poco, pero a menudo.
A tu espalda le gusta moverse. Mantener la misma postura durante mucho tiempo favorece la rigidez y las molestias, mientras que cambiar de posición con frecuencia le aporta variedad. En un estudio de seis meses realizado con trabajadores de oficina, aquellos que cambiaban de postura regularmente mientras estaban sentados tenían muchas menos probabilidades de desarrollar nuevos dolores lumbares.
Un amplio estudio publicado en 2024 realizó un seguimiento a personas que se habían recuperado recientemente de un episodio de dolor lumbar. Aquellos que siguieron un sencillo programa de caminatas tardaron casi el doble de tiempo en volver a sentir dolor que los que no lo hicieron. Caminar es gratis, fácil de integrar en el día a día y algo que la mayoría de la gente puede hacer.
No hace falta levantarse para que el descanso cuente. Cambiar el peso, reclinarse en la silla, girarse suavemente o balancear la pelvis cambia la forma en que se carga la espalda. Los días en que sientas la espalda más rígida, los descansos sentado son un buen punto de partida.
Unos cuantos descansos cortos a lo largo del día suelen sentarle mejor a una espalda dolorida que una sesión larga. Si sientes la espalda más rígida al levantarte, esa sensación suele desaparecer tras dar unos pasos.
Los estiramientos Pomodoro, en la esquina superior derecha de VIDA, pueden recordarte que debes moverte a intervalos regulares.
Añade un paseo corto a tu día, como dar una vuelta al edificio después de comer, y observa cómo se siente tu espalda por la tarde.