Dolor de cuello crónico durante la menopausia
Dr Nicola Tik

Cuando el dolor de cuello te acompaña desde hace tiempo, la menopausia puede plantear nuevos retos. Las noches en vela, los días ajetreados y el estrés de intentar llegar a todo pueden hacer que el dolor de cuello se intensifique. Esta guía analiza la relación entre el sueño, el estrés y el dolor de cuello persistente, y propone pequeños cambios constantes que pueden ayudarte.

Por qué la mediana edad puede intensificar el dolor de cuello

El dolor de cuello crónico suele implicar un sistema nervioso que se ha vuelto más sensible, como una alarma que salta con demasiada facilidad. Durante la menopausia, hay dos factores que tienden a aumentar esa sensibilidad.

El primero es el sueño. Hasta siete de cada diez mujeres notan que su sueño se ve alterado durante la transición a la menopausia, a menudo debido a los sudores nocturnos. Tras una mala noche, el cerebro es menos capaz de amortiguar las señales de dolor, por lo que el mismo cuello puede doler más al día siguiente.

El segundo es el estrés. La mediana edad suele traer consigo presiones laborales, familiares y de cuidado de terceros. El estrés tiende a mantener en tensión los músculos del cuello y los hombros, y los estudios realizados en trabajadores de oficina han relacionado un mayor nivel de estrés con más episodios de dolor cervical.

El papel del sueño

Dormir mejor es una de las cosas más útiles que puedes hacer para aliviar un dolor de cuello persistente. Algunas cosas que puedes probar:

El papel del estrés

No siempre puedes cambiar lo que te causa estrés, pero sí puedes darle a tu cuerpo oportunidades regulares para desconectar. Hacer un chequeo rápido de tu cuerpo varias veces al día puede ayudar. Presta atención a tus hombros, tu mandíbula y tu respiración, y deja que se relajen.

La respiración lenta es una de las formas más rápidas de ayudar a que tu sistema nervioso se calme. Inspirar durante unos cuatro segundos y espirar durante unos seis, dejando que se hinche el estómago en lugar de subir los hombros, le indica a tu cuerpo que puede relajarse. Un minuto o dos entre reuniones, o antes de acostarte, es suficiente para empezar.

Mantener el cuello en movimiento y fortalecido

El movimiento ayuda más al dolor de cuello crónico que el reposo. Los giros e inclinaciones suaves mantienen la movilidad, y fortalecer los músculos de los hombros ayuda a que estos compartan la carga.

Algo que puedes probar casi todos los días:

Si quieres seguir los ejercicios, VIDA tiene un vídeo corto con estiramientos de cuello guiados y retracciones de barbilla que puedes realizar a tu propio ritmo.

Organiza tu jornada laboral

Pasar muchas horas frente a la pantalla sin descansar es cuando el dolor de cuello suele intensificarse. Colocar la pantalla a la altura de los ojos ayuda, pero moverse con frecuencia ayuda mucho más. Ponerse de pie para hacer llamadas, levantarse a por agua y hacer breves descansos para estirar el cuello cada media hora, aproximadamente, marcan la diferencia.

Si sueles apretar la mandíbula cuando te concentras, hacer una comprobación rápida al terminar cada llamada puede ser útil. El dolor de cuello crónico y la tensión mandibular suelen ir de la mano, por lo que relajar la mandíbula también puede aliviar el cuello.

Sé paciente contigo mismo

Vivir con dolor de cuello crónico durante la menopausia puede ser agotador. Habrá días más difíciles que otros, y es algo normal. Los cambios constantes en el sueño, el estrés y el movimiento suelen dar sus frutos, aunque el progreso parezca lento de un día para otro. Tu registro de dolor en VIDA es una buena forma de identificar patrones, como si tu cuello empeora después de una mala noche o de una semana estresante.

Conclusiones clave

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