Jornadas largas, buenos hábitos: cómo mantener el ritmo
Nicola Tik

Las jornadas largas son una realidad en algunos trabajos y, si ya te levantas cada hora, estás logrando algo que la mayoría de la gente nunca consigue. Ese hábito merece ser protegido. El objetivo ahora no es descansar más a menudo, sino hacer que cada descanso realmente cuente y mantener el ritmo cuando el día se alarga y te sientes cansado.

Un descanso cuenta por lo que cambia, no por el reloj

Aquí es donde la mayoría se equivoca sin darse cuenta. Tu cuerpo no registra un descanso solo porque haya pasado una hora; lo registra cuando algo cambia. Apartarte de la pantalla para mirar el móvil mantiene el cuello inclinado, la vista fija de cerca y la espalda en la misma posición, por lo que, para tu cuerpo, no ha ocurrido casi nada. Un descanso es efectivo cuando cambias algo real: levantarte, mirar al otro lado de la habitación o caminar unos pasos. El mismo tiempo, pero con muchos más beneficios.

Los días de cansancio es cuando los hábitos flaquean, así que hazlos automáticos

A la octava o novena hora, las ganas de levantarse y moverse disminuyen, y eso es algo completamente normal, no una falta de disciplina. El truco está en no depender de tu memoria. Puedes intentar vincular tus descansos a cosas que suceden de todos modos, como el final de cada reunión, esperar a que hierva el agua o una suave notificación recurrente en tu teléfono. Cuando el hábito funciona en piloto automático, sobrevive al cansancio del final del día, que es precisamente cuando tu cuerpo más lo necesita.

Dale también un descanso a tus ojos

Un día largo supone un esfuerzo prolongado de enfoque cercano, y los ojos se cansan igual que cualquier otra parte del cuerpo que se mantiene en una sola posición. Cada vez que hagas una pausa para moverte, deja que tus ojos te acompañen mirando algo lejano al otro lado de la habitación durante unos segundos y parpadeando conscientemente. No cuesta nada y ayuda a aliviar esa sensación de ojos cansados y arenosos que suele aparecer al final del día.

Mantente hidratado

Durante una jornada larga, las cosas sencillas se descuidan. Tener agua al alcance te ayuda a estar cómodo, y rellenar el vaso sirve como otra excusa para levantarte y moverte. Hacer una pausa adecuada para comer lejos de la pantalla, en lugar de hacerlo en el escritorio, reinicia tanto tu cuerpo como tu concentración para la segunda mitad del día.

Desconecta al terminar el día

Un día largo suele dejar algo de rigidez, y es mejor no arrastrarla hasta el día siguiente. Un paseo corto al volver a casa o unos minutos de movimiento suave al terminar ayudan a que todo se relaje. Si quieres seguir una rutina, VIDA tiene un breve vídeo de estiramientos guiados que puedes usar a tu propio ritmo para dejar atrás el día.

Una lista rápida para empezar