Objetivo: Reducir el dolor
Vivir con dolor durante la menopausia, en los días buenos y en los más difíciles
Dr Nicola Tik

Hay días en los que te sientes bien. Otros, te duelen las articulaciones, tienes poca energía y todo parece costar más. Muchas personas notan que el dolor cambia de forma durante la menopausia, y entender por qué puede ayudarte a encontrar lo que mejor te funciona.

Por qué el dolor puede cambiar durante la menopausia

El estrógeno desempeña un papel importante en cómo el cuerpo procesa el dolor, además de mantener los músculos y las articulaciones flexibles. A medida que sus niveles cambian, muchas personas notan más molestias y rigidez. Alrededor de 7 de cada 10 mujeres en perimenopausia refieren dolor musculoesquelético, así que, si notas más dolor, no estás sola.

Recientemente, los investigadores han agrupado estos cambios bajo el nombre de "síndrome musculoesquelético de la menopausia". Ponerle nombre ayuda, porque demuestra que estos cambios están reconocidos.

Sueño, estado de ánimo y dolor

Los sudores nocturnos, el sueño interrumpido y los cambios de humor son comunes durante la menopausia, y todos ellos pueden hacer que el dolor se sienta con más intensidad. Cuidar tu sueño y tu bienestar también puede ayudarte en los días en los que el dolor es más fuerte.

Movimiento y fuerza

El ejercicio regular y el entrenamiento de fuerza son muy recomendables durante la menopausia. Ganar fuerza puede ayudar a que tus articulaciones se sientan más protegidas, y muchas personas descubren que el movimiento ayuda a aliviar la rigidez. Tus vídeos de objetivos incluyen ejercicios que puedes hacer a tu propio ritmo.

Observa tus patrones

El dolor durante la menopausia puede aparecer y desaparecer. Tu registro de dolor en VIDA puede ayudarte a identificar patrones, como si el dolor es más intenso después de haber dormido mal o en momentos determinados.

Algo que puedes probar esta semana

Utiliza tu registro de dolor en VIDA cada día de esta semana y observa si tu dolor cambia en función de cómo duermes.

Conclusiones clave

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