

Estar embarazada y tener un trabajo físico supone hacer malabarismos con muchas cosas. Tu cuerpo cambia semana a semana, el trabajo no se adapta a ese ritmo y es posible que te preguntes qué es sensato seguir haciendo. Es una situación muy común y muchas personas trabajan físicamente durante el embarazo sin problemas haciendo algunos ajustes. El objetivo no es envolverte en algodón, sino trabajar en sintonía con tu cuerpo cambiante y reducir las tareas que le suponen un mayor esfuerzo.
El embarazo provoca cambios que influyen a la hora de levantar peso y realizar trabajos físicos. Las hormonas ablandan gradualmente los ligamentos que sujetan las articulaciones, especialmente alrededor de la pelvis, por lo que estas se mueven un poco más y pueden sentirse menos estables. El crecimiento de la barriga altera tu equilibrio y desplaza el peso hacia la zona lumbar. Muchas personas notan más dolor de espalda o molestias en la pelvis, ya sea en la parte delantera, trasera o en la zona profunda entre las piernas, lo que a veces se denomina dolor de la cintura pélvica. Nada de esto significa que no puedas moverte, solo que tu cuerpo necesita un poco más de cuidado al cargar peso.
Las partes más exigentes de un trabajo físico son las primeras que debes revisar. Algunas opciones incluyen levantar cargas más ligeras, dividir las pesadas, usar más ayudas y carretillas, y pedir ayuda con las tareas más grandes. Mantener las cargas cerca del cuerpo, evitar girar el tronco y no realizar levantamientos bruscos o incómodos es más importante que nunca ahora que tus articulaciones están más laxas. A medida que tu barriga crece y te resulta más difícil alcanzar objetos, es razonable delegar las tareas más pesadas y complicadas. Es una decisión sensata, no una falta de capacidad.
Si sientes dolor en la pelvis o en la espalda, hay algunas cosas que suelen ayudar. Mantener las piernas más juntas cuando puedas, moverte con suavidad en lugar de hacer movimientos bruscos o asimétricos, y evitar trabajar apoyada sobre una sola pierna ayuda a aliviar la pelvis. Repartir la carga de forma equilibrada entre ambos lados, en lugar de llevarla sobre una sola cadera, te mantiene estable. Interrumpir los periodos largos de pie, caminando o sentada, y cambiar de postura a menudo, evita que se acumule la tensión. Los cambios pequeños y frecuentes suelen ser más cómodos que realizar la misma tarea durante mucho tiempo.
El embarazo es una situación en la que realmente vale la pena hablar en el trabajo. En muchos lugares, tu empleador debe realizar una evaluación de riesgos específica cuando le comuniques que estás embarazada, analizando tus tareas y lo que podría necesitar cambios. Es tu derecho, no un favor, y está ahí para mantenerte a ti y a tu bebé a salvo. Exponer las tareas específicas que te resultan difíciles ayuda a que el proceso sea práctico. Ajustar las funciones, los horarios o las tareas durante el embarazo es algo normal y esperado.
Además de los cambios en el trabajo, mantenerse activa de forma suave y cómoda, descansar cuando lo necesites y utilizar apoyos como una buena silla y una postura adecuada ayudan mucho. Siempre vale la pena consultar con tu matrona o equipo de maternidad sobre cualquier dolor; ellos también pueden orientarte sobre qué actividad es la adecuada para ti, ya que conocen tu embarazo. Si el dolor en la pelvis o la espalda dificulta tu vida diaria, cuéntaselo, ya que existen apoyos y consejos que pueden ser de gran ayuda.