

Los días buenos pueden parecer la oportunidad perfecta para ponerse al día con todo. Los días más difíciles, en cambio, pueden hacer que resulte más fácil tirar la toalla. Ambas reacciones son totalmente comprensibles. Sin embargo, mantener un nivel de actividad similar en ambos tipos de días suele reducir los altibajos a largo plazo.
Las investigaciones sobre los patrones de actividad en personas con dolor crónico han demostrado que hacer mucho en los días buenos y muy poco en los días difíciles se asocia con un mayor dolor y una menor funcionalidad en el día a día. Un ritmo más constante ayuda a que tu sistema se sienta más seguro, haciendo que los días buenos sean más frecuentes.
Podrías probar a:
En los días más difíciles, puedes probar a:
No hace falta que hagas exactamente lo mismo todos los días. El objetivo es simplemente reducir la brecha entre los días buenos y los difíciles para que tu semana sea más predecible.
En tu próximo día bueno, pon un temporizador para una tarea con la que normalmente seguirías y para cuando suene. Observa cómo te sientes al día siguiente.