

Cuando la vida se vuelve estresante, muchas personas notan que su dolor también se intensifica. No es algo que imagines, ni es una señal de debilidad. El estrés y el dolor están estrechamente relacionados, y entender cómo se conectan puede ayudarte a encontrar formas de aliviar ambos.
Tu sistema nervioso está diseñado para protegerte. Cuando estás estresado, se pone en alerta máxima, escaneando cualquier cosa que pueda ser una amenaza. Esto puede hacerlo más sensible a las señales de tu cuerpo, por lo que el dolor se siente con mayor intensidad. Los músculos también pueden tensarse cuando estás estresado, lo que aumenta las molestias y la rigidez. Cuando el estrés se prolonga en el tiempo, las investigaciones sugieren que este estado de alerta puede mantener tu sistema más sensible.
Muchas personas notan los primeros signos de estrés en su cuerpo, como tensión en los hombros, mandíbula apretada, respiración superficial o pensamientos acelerados. Detectar esto a tiempo te da la oportunidad de actuar antes de que el dolor aumente.
No todo el estrés se puede eliminar, pero clasificarlo puede ayudar. Podrías intentar escribir lo que tienes en mente y luego dividirlo en:
Dar un pequeño paso en algo que puedes cambiar a menudo alivia la presión más de lo que imaginas.
Durante los periodos de estrés, puede ser útil:
Hablar con alguien de confianza sobre lo que te ocurre puede hacer que el estrés sea más llevadero. Sentirse apoyado es también uno de los factores que puede ayudar a que tu sistema nervioso se sienta más seguro.
Escribe lo que te está causando estrés en este momento y clasifícalo en lo que puedes y no puedes cambiar. Elige un pequeño paso que dar en algo que sí puedes cambiar.