

Es fácil pensar que el estrés es algo que solo ocurre en la mente, pero a menudo se manifiesta con mayor claridad a través del cuerpo. Un dolor de cabeza tensional, el estómago revuelto, la mandíbula apretada, el sueño interrumpido o contraer cada resfriado que circula pueden ser señales de que tu cuerpo está registrando una presión que quizás no habías detectado del todo. Una vez que sabes qué buscar, estas señales cobran mucho más sentido.
Cuando te sientes bajo presión, tu cuerpo activa una respuesta diseñada para ayudarte a afrontarla, liberando hormonas del estrés y preparándote para la acción. Esto es útil en periodos cortos, pero cuando la presión no disminuye, permanecer en ese estado empieza a afectar el funcionamiento diario de tu organismo. Los músculos permanecen tensos, la digestión y el sueño se alteran, y tu sistema se mantiene en alerta constante. Es una respuesta física normal ante una demanda continua, no una señal de que algo grave te ocurra.
El estrés se manifiesta de forma distinta en cada persona, por lo que tu patrón puede no coincidir con el de los demás. Algunas personas lo sienten como rigidez en el cuello, los hombros o la mandíbula, o como dolores de cabeza tensionales. En otras, se instala en el estómago provocando molestias, cambios en el apetito o malestar. A menudo altera el sueño, te deja sintiéndote cansado y agotado, o te hace más propenso a pequeñas enfermedades. Identificar tu propia forma de experimentarlo puede ser extrañamente tranquilizador, porque conecta cómo te sientes con lo que ha estado sucediendo.
Dado que estas señales comienzan con la respuesta al estrés, calmar dicha respuesta suele aliviar también los síntomas físicos.
Podrías intentar:
Para la mayoría de las personas, estas señales físicas desaparecen a medida que la presión disminuye y el cuerpo tiene la oportunidad de salir del estado de alerta. Ser amable contigo mismo y atender a lo básico es la mejor forma de lograrlo. Tratar las señales de tu cuerpo como información útil, en lugar de algo por lo que preocuparse, es un buen punto de partida.