

Conducir durante mucho tiempo exige mucho a la zona lumbar, especialmente cuando el asiento no está configurado para ofrecerte apoyo. Muchas personas sienten rigidez o dolor de espalda tras pasar tiempo al volante, y a menudo basta con ajustar el asiento para aliviar parte de esa presión. Unos pequeños cambios en la forma en que apoyas la espalda pueden hacer que los viajes largos sean mucho más cómodos.
Tu zona lumbar tiene una suave curva hacia adentro y se siente más cómoda cuando esa curva recibe apoyo en lugar de quedar aplanada. Sin ese soporte, es fácil encorvarse, lo que obliga a los músculos y discos de la zona lumbar a soportar una carga mayor.
Si tu asiento tiene un ajuste de soporte lumbar, intenta regularlo para que rellene la curva de tu espalda sin empujarte hacia adelante. Si no lo tiene, una toalla pequeña enrollada o un cojín colocado detrás de la zona lumbar cumplen una función similar.
Un asiento demasiado vertical puede resultar rígido, mientras que uno demasiado reclinado te obliga a estirarte para alcanzar el volante, perdiendo el apoyo de la espalda. Para la mayoría de las personas, una posición ligeramente inclinada hacia atrás desde la vertical resulta cómoda, manteniendo la espalda apoyada contra el asiento.
El objetivo es que el asiento soporte tu peso, en lugar de que tus músculos tengan que mantenerte en posición. Si notas que te inclinas hacia adelante, separándote del respaldo, es señal de que debes ajustar el ángulo o acercarte más al volante.
Si tienes que estirar las piernas para alcanzar los pedales, la pelvis se desliza hacia adelante, lo que provoca que la zona lumbar se aplane y pierda su apoyo. Adelantar el asiento para que las rodillas permanezcan cómodamente flexionadas te ayudará a mantener la espalda bien apoyada.
Una buena referencia es poder pisar los pedales a fondo sin necesidad de estirar la pierna por completo ni de despegar la espalda del respaldo.
Incluso con un asiento bien ajustado, permanecer inmóvil durante mucho tiempo es lo que más suele entumecer la espalda. Siempre que puedas, interrumpe los viajes largos con paradas breves para darle a tu espalda la oportunidad de moverse y recuperarse.
Durante una parada, puedes intentar ponerte de pie y estirarte suavemente hacia atrás, solo hasta donde te resulte cómodo, para compensar el tiempo que has pasado sentado.
Una vez que hayas aparcado, un estiramiento suave ayuda a liberar la rigidez acumulada por estar sentado. De pie, coloca las manos en la zona lumbar e inclínate suavemente hacia atrás, manteniendo la posición durante un par de respiraciones cómodas antes de volver a la posición inicial; repite el movimiento varias veces.
Si deseas seguir una versión guiada, VIDA dispone de un breve vídeo de estiramientos que puedes realizar a tu propio ritmo.