

Entre tomas, cambios de pañal y noches sin dormir, encontrar tiempo para una misma puede parecer casi imposible. Puede que solo consigas sacar 5 minutos para estirar, y algunos días ni eso. La buena noticia es que esos momentos breves y regulares también cuentan para lograr tocarte las puntas de los pies.
Las investigaciones sugieren que el tiempo total que dedicas a estirar a lo largo de la semana es más importante que la duración de cada sesión. Unos 10 minutos a la semana por cada zona son suficientes para notar cambios, así que unos cuantos estiramientos cortos a lo largo del día pueden marcar la diferencia.
Gran parte del progreso inicial también se debe a que tu sistema nervioso se acostumbra al estiramiento, algo que se consigue con la práctica regular y no con sesiones largas.
No necesitas una habitación tranquila ni una hora libre. Puedes probar lo siguiente:
Dar el pecho, levantar al bebé, mecerlo y llevarlo en brazos puede dejar la espalda, las caderas y la parte posterior de las piernas tensas. También es posible que pases mucho tiempo sentada o inclinada hacia delante. Los estiramientos suaves son una forma de prestar atención a esas zonas.
Tu cuerpo ha pasado por mucho y tu nivel de preparación puede cambiar de un día a otro. Puedes empezar con las opciones más sencillas o sentada e ir aumentando a medida que te sientas lista. Un tirón leve está bien; el objetivo es trabajar dentro de un rango cómodo.
Flexionar desde las caderas, manteniendo las rodillas relajadas, puede hacer que las flexiones hacia delante resulten más cómodas. Este mismo movimiento de cadera también te ayudará cuando levantes a tu bebé de la cuna o del suelo.
Estirar después de un paseo con el carrito o tras una ducha caliente puede hacer que resulte más sencillo. Los músculos tienden a estirarse con mayor comodidad cuando están calientes.
Prueba a hacer una flexión hacia delante sentada en el suelo durante el tiempo de juego o mientras el bebé está boca abajo, manteniéndola durante unas cuantas respiraciones lentas.