

La forma en que pasas el día afecta a cómo duermes por la noche. Dos de los hábitos diurnos más sencillos, salir al exterior con luz natural y mantenerse activo, ayudan a preparar el cuerpo para un mejor descanso, incluso cuando las molestias forman parte de tu día a día.
La luz es la principal señal que utiliza tu reloj biológico para saber qué hora del día es. La luz de la mañana, en particular, ayuda a que tu reloj se mantenga sincronizado, lo que te permite sentirte más alerta durante el día y tener más sueño por la noche. Incluso en un día nublado, la luz exterior es mucho más intensa que la iluminación interior, por lo que pasar tiempo al aire libre marca una verdadera diferencia.
Una revisión de diversos estudios ha demostrado que la actividad física regular está relacionada con una mejor calidad del sueño. Incluso sesiones breves de actividad se han asociado con pequeñas mejoras en la rapidez con la que las personas concilian el sueño y en la duración del mismo. Aunque los efectos son moderados, se suman a los beneficios de otros hábitos saludables.
En cuanto a las molestias, mantenerse en movimiento de forma suave durante el día también puede aliviar la rigidez, haciendo que tumbarse por la noche resulte más cómodo.
Podrías probar a:
En invierno, puede resultar más difícil obtener luz natural. Salir al exterior a la hora de comer, cuando hay más claridad, o sentarse cerca de una ventana durante el día puede ser de gran ayuda.
Pasa de 10 a 15 minutos al aire libre durante la hora o dos horas siguientes a despertarte cada día de esta semana, incluso si está nublado.