

Si te han diagnosticado mielopatía cervical, es posible que hayas notado que el consejo que recibes parece más cauteloso que para otras afecciones del cuello. Este artículo explica por qué es así y lo que significa en la práctica para tu movimiento diario.
La mielopatía cervical ocurre cuando la médula espinal misma se comprime dentro de la región cervical de la columna vertebral. Esto es diferente de un nervio pinzado, donde la presión afecta a una sola raíz nerviosa que se ramifica de la médula espinal. Debido a que la médula espinal es la vía principal que transporta las señales entre el cerebro y el resto del cuerpo, la compresión a este nivel puede afectar la función de manera más amplia que la compresión de una raíz nerviosa por sí sola.
Se desarrolla más comúnmente de forma gradual como resultado de cambios relacionados con la edad en los discos y las articulaciones del cuello, que estrechan el espacio disponible para la médula espinal con el tiempo. Los síntomas pueden incluir pesadez o torpeza en las manos, cambios en el equilibrio o al caminar, y en algunos casos hormigueo o debilidad que afecta a más de una extremidad.
La médula espinal tiene muy poca tolerancia a la compresión adicional o al movimiento brusco y forzado. Por eso, ciertos movimientos, particularmente aquellos que implican una flexión o extensión rápida o extrema del cuello, requieren más cuidado con la mielopatía cervical que con otras afecciones del cuello.
Esto no significa que el cuello deba mantenerse completamente inmóvil. El movimiento suave y controlado dentro de un rango cómodo es generalmente seguro y beneficioso. Lo que requiere precaución es cualquier cosa que lleve el cuello a su rango final de forma forzada o repentina, como ciertos ejercicios de gimnasio, deportes de contacto o actividades con un riesgo significativo de impacto repentino en la cabeza o el cuello.
Para la mayoría de las actividades diarias, la mielopatía cervical no requiere una restricción significativa. Mover el cuello suavemente y dentro de un rango cómodo durante las tareas diarias es apropiado. La precaución se aplica más a actividades específicas de mayor riesgo que al movimiento general.
Vale la pena prestar atención a la postura del cuello. Las posiciones sostenidas de la cabeza hacia adelante, como mirar hacia abajo a un teléfono o portátil durante largos períodos, ejercen una carga adicional sobre las estructuras alrededor de la médula espinal. Los cambios regulares de posición y mantener las pantallas a la altura de los ojos, cuando sea posible, reducen esto.
Si tu equilibrio o coordinación se han visto afectados, ser consciente en entornos donde es más probable una caída, como en terreno irregular o en escaleras, es una precaución sensata.
La mielopatía cervical es una afección en la que mantenerse en estrecha conexión con tu especialista o médico de cabecera es particularmente importante. El nivel de actividad apropiado y los movimientos específicos a evitar dependen del grado de compresión y de tus síntomas actuales. Tu equipo clínico es el más indicado para guiarte en esto con detalle.
VIDA apoya el movimiento suave y el autocuidado junto con esa orientación clínica, no como un reemplazo de la misma.
Tu seguimiento del dolor de VIDA es una forma útil de seguir cualquier cambio en tus síntomas a lo largo del tiempo y señalar cualquier cosa que valga la pena discutir con tu especialista.