

Hacer un par de pausas para moverse al día supone un cambio real respecto a cómo empieza mucha gente. El siguiente paso es distribuirlas para interrumpir con más frecuencia los largos periodos sentado. Un buen objetivo es intentar hacer una pausa cada hora, y puedes ir acostumbrándote a ello poco a poco.
Los expertos en salud laboral recomiendan interrumpir el trabajo sentado con regularidad y llegar a acumular unas dos horas de pie y movimiento ligero a lo largo de la jornada. Los estudios que comparan los patrones de descanso han demostrado que hacer pausas breves cada media hora reduce más el tiempo sentado que un par de descansos más largos. Por tanto, lo que marca la diferencia es la frecuencia con la que te mueves, no solo la cantidad.
La mayoría de las personas tienen un momento del día en el que pasan más tiempo sentadas sin moverse. Suele ser a media mañana o a media tarde, cuando la concentración es alta o se acumulan las reuniones. Ese es el mejor momento para añadir tu próxima pausa.
En lugar de intentar hacer una pausa cada hora desde el primer día, puedes añadir una pausa extra a la semana. Por ejemplo:
Es más fácil mantener los pequeños pasos que los grandes cambios.
Una pausa cada hora no tiene por qué ser larga. Levantarse, caminar hasta la ventana, ver un vídeo de 30 segundos de VIDA o hacer un estiramiento sentado, todo cuenta. Unos pocos segundos de movimiento son mejores que una pausa perfecta que nunca llegas a hacer.
Piensa en el día de ayer e identifica el periodo más largo que pasaste sentado sin moverte. Añade una pausa para moverte en ese intervalo cada día de esta semana.