
Tanto el descanso como el movimiento tienen su lugar en los días más difíciles. Encontrar el equilibrio adecuado puede ayudarte a sentirte más ágil, con mayor confianza y con más control. Un ritmo sencillo de descansos breves y movimiento suave es un buen punto de partida.
Las investigaciones sobre el dolor de espalda han demostrado que las personas a las que se les aconsejó mantenerse activas se recuperaron ligeramente mejor que aquellas a las que se les recomendó guardar reposo en cama. Los descansos breves alivian la carga a la vez que ayudan a que tu cuerpo se mantenga flexible y con confianza para moverse. Los periodos largos de descanso tienden a dejarte más rígido, lo que puede hacer que retomar la actividad resulte más difícil.
En un día en el que el dolor sea más intenso, puedes probar lo siguiente:
La forma en que descansas también importa. Apoyar bien el cuerpo ayuda a que los músculos se relajen, por ejemplo:
Cambiar de postura de descanso de vez en cuando puede ayudar a evitar que se acumule rigidez.
En los días más difíciles, el movimiento suave puede ser mucho más pequeño de lo habitual y aun así ser efectivo. Los movimientos lentos y cómodos, dentro de un rango que te resulte manejable, son suficientes.
En tu próximo día difícil, prueba a descansar de 10 a 20 minutos con apoyo, seguido de unos minutos de movimiento suave. Observa cómo te sientes al llegar la noche.